Billy Wilder cuenta la historia de un pobre hombre que va al psicólogo para que éste trate de curarle de su profunda depresión:
Sólo quiero morirme, doctor. Ayúdeme…
Verá –dijo el doctor–, usted debe volver a reír, a disfrutar de la vida. El otro día estuve viendo a un cómico fantástico, se llama Garrick, y tiene un espectáculo en el que no puedes parar de reírte. Le voy a regalar unas entradas, pero prométame que va usted a ir a verle.
No puedo ir, doctor –contestó el paciente.
¿Por qué?
Porque yo soy Garrick…
Ésa es la mirada del creador de humor. Un ser necesariamente antisocial, obligado a no integrarse demasiado para seguir observando a los demás desde fuera; pero, simultáneamente, necesariamente social, debido a que precisa tener cerca a los seres de los que se alimenta.
El entretenimiento en TV: Guión y creación de formatos de humor en España. P 279
Este monólogo de Seinfeld es una reflexión brutal (es que me emociono). Se ha convertido en extraterrestre, se ha montado en una nave espacial para asomarse y mirar lo que pasa. Sin más ¿no?