dissabte, 23 d’octubre de 2010

Nunca he podido dejarme bigote

No se me ha ocurrido mejor modo de empezar el blog que citando. Insinuando, quizá, que de ahora en adelante la metodologia será la típica de los blogs: copiar de blogs parecidos, reciclar material propio de textos anteriores, aportar de vez en cuando alguna idea nueva y esperar que de las pajas mentales que vayan saliendo aprendamos en beneficio del buen humanoide. Al terminar cada texto un título con palabras grandilocuentes bien horteras y a publicar (sin revisar las faltas ortográficas).

Mientras tanto me propongo repasar el tan bienamado "dictat" - siempre y cuando mi esclavo se preste a dictarlo - con este artículo en el que Groucho Marx dibuja la línea que separa el gracioso de bar del cómico profesional:

La seriedad de ser cómico

Todo comediante siente deseos de interpretar a Hamlet en algún momento de su vida. Todo columnista de humor tiene guardada en el fondo del baúl una obra dramática que espera ver producida algún día. Del mismo modo que muy pocos cómicos interpretan a Hamlet, muy pocas de estas obras llegan a porducirse. Quizás sea mejor así. Pero lo que quiero poner de manifiesto aquí es que todos los humoristas son gente seria en el fondo. Y lo son porque tienen que mostrarse continuamente graciosos. También se dan cuenta de que el humor se toma a la ligera, de que para que algo merezca verdaderamente la pena debe tener profundidad y una cierta dosis de vitalidad. Ésas son las cualidades básicas de su humor, y sabiéndolo se esfuerzan por sacarle partido en obras serias. Por lo general fracasan en su empeño, porque el único terreno que conocen es el de la comédia. El sendero del drama, de la tragedia, es nuevo para ellos y van dando tumbos, tropezando con objetos extraños. Lo mismo que le ocurre al comediante que se atreve con Hamlet.

Bueno, me alegro de haber terminado el párrafo de arriba. Verán, yo soy comediante y efectivamente siempre he querido escribir algo serio, como cualquier humorista. Supongo que después de leer este párrafo me creerán cuando digo que los humoristas fracasan cuando intentan escribir textos serios.

Inventar chistes no es tarea fácil en absoluto. Me arrepiento de haber empezado a hacerlo. (...)

Escribir humor es sobre todo una especie de hábito. Cuando llevas algún tiempo haciéndolo eres incapaz de dejarlo y te sientes incómodo cuando no lo haces, aunque puede que lo detestes. Después de escribir humor por algún tiempo los chistes buenos empiezan a llegarte. Luego está lo que llaman “las agudezas“ sobre temas de actualidad. El truco está en leer los periódicos y darle la vuelta a algún acontecimiento actual. Este trabajo hace del humorista un individuo enormemente alerta. Nada ocurre que escape a su atención.

Tan pronto como una persona se da a conocer como cómico se convierte en esclavo de su propio humor. Todo el mundo piensa que tiene que ser gracioso en todo momento y él intenta satisfacer esas expectativas. Por lo que a mí respecta, siempre estoy tratando de inventar nuevos y mejores chistes. No pasa una función sin que añada por lo menos una nueva ocurrencia.

He recibido varias buenas ofertas para llevar una columna de humor, pero hasta el momento las he rechazado todas. Me doy cuenta de lo difícil que es ser gracioso y creo que donde tengo que serlo es en el escenario. Allí no tengo material nuevo para cada función, y mi voz y mis gestos aumentan el efecto cómico. Si llevara una columna no contaría con esto y tendría que ser gracioso a palo seco, y con muchísima más frecuencia de lo que me conviene. Sí, señor, este asunto de ser gracioso es demasiado serio. El de enterrador es con mucho el oficio más alegre de los dos. Y además tengo entendido que los humoristas nunca se mueren de viejos: la tensión acaba con ellos.

Groucho Marx

St. Louis Post-Dispatch

13 de noviembre, 1927

El marxismo consiguió seducir los escenarios, el cine, la radio y la televisión, pero su humor también se escampó en sus escritos teatrales, guiones, libros y publicaciones en revistas y periódicos. Todos ellos empapados de la espontaneidad del maestro de la ironía y el ingenio.

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